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El lenguaje

Introducción: Lenguaje oral y escrito

Lenguaje oral y escrito

Si se observan las interacciones anteriores, el lenguaje se puede visualizar como un continuo en el que en un extremo se encuentra la lengua oral, y en el otro, la lengua escrita. Dentro del continuo del lenguaje también se encuentran diferentes niveles de formalidad y registros de la lengua que varían según los diferentes contextos y propósitos comunicativos.

Continuo del lenguaje

Continuo del lenguaje

Una de las principales diferencias entre el lenguaje oral y el lenguaje escrito es el lenguaje no verbal (sonidos, gestos, ademanes, etc.). En la lengua oral, el lenguaje no verbal juega un papel muy importante junto con el contexto para descifrar y construir los significados de las ideas que comunicamos. Por ejemplo en el siguiente ejemplo, las palabras que están en negritas complementan su significado con el lenguaje no verbal. Seguramente el hablante en turno se vale de ademanes y señales para indicar a quién se refiere con: él, ahí afuera, aquel chico.

Él la rompió, no fui yo, no fui yo, lo juró, lo juró. Estábamos jugando ahí afuera y de pronto vino aquel chico y se nos cruzó con la bicicleta....

En la modalidad oral como en el ejemplo anterior, los interlocutores comparten el mismo contexto situacional (contexto inmediato), por lo que los diferentes elementos extralingüísticos (además del lenguaje no verbal, los sonidos, las imágenes, etc.) favorecen el uso de determinadas opciones lingüísticas que complementan su significado por el contexto mismo. De esta forma, el lenguaje oral se caracteriza por ser espontáneo, interactivo, y en muchas ocasiones, informal.

Así, podemos ver que muchas de las palabras en la conversación (él, ahí afuera, aquel chico) tomarán significado por el contexto mismo y también, por el lenguaje no verbal entre los interlocutores que comparten el mismo contexto.

Por otro lado, en la modalidad escrita, y particularmente el lenguaje académico, el significado depende mayormente de la lengua misma por lo que la lengua escrita requiere el uso de un léxico (vocabulario) con mayor carga de significado (densidad léxica). En la lengua escrita los elementos extralingüísticos tales como sonidos, gestos, ademanes, etc. no nos ayudan a entender o construir significados porque el acto comunicativo no es inmediato, por lo que los significados de la lengua escrita dependen más del texto mismo que del contexto situacional. Así, el lenguaje escrito, a diferencia del lenguaje oral, no es espontáneo y tiende a ser mucho más formal. Veamos en el siguiente ejemplo la versión escrita del ejemplo anterior.

Él la rompió, no fui yo, no fui yo, lo juró, lo juró. Estábamos jugando ahí afuera y de pronto vino aquel chico y se nos cruzó con la bicicleta....

Con los ejemplos anteriores vemos que el lenguaje oral se diferencia del lenguaje escrito principalmente por la influencia que tiene el contexto para descifrar y relacionar significados.  La lengua escrita, a diferencia de la lengua oral, se caracteriza por ser más explícita, por crear distancia entre el lector o escritor y por el uso de estructuras más complejas.

Es decir, el escritor al no compartir el mismo contexto situacional con el lector requerirá un léxico (vocabulario) específico. En el primer ejemplo, tenemos al hijo que le explica a la madre lo que pasó. Las dos personas se comunican frente a frente, los dos comparten el mismo contexto situacional en el que diferentes elementos extralingüísticos (gestos, ademanes, sonidos, etc.) permiten “complementar” el significado.

Sin embargo, si tenemos la misma situación en la lengua escrita, el mensaje no sería claro sin un contexto explícito. Es decir, se tendría que especificar la situación dentro del mismo texto para ayudar al lector a construir el contexto del texto que se lee.

Resumiendo, el lenguaje puede verse entonces como un continuo en el que uno de los extremos es la modalidad oral y el otro la modalidad escrita.